Huir, evadir, fugarse, desaparecer, escurrirse, escabullirse, esfumarse, escapar...
Cuando viajamos siempre lo hacemos con un objetivo... conocer un lugar, escapar de un lugar, conocer gente, escapar de la gente, de uno mismo, de todo.
La última vez que viajé fue para escapar, es cierto, pero no de un lugar o una persona, ahora que lo pienso bien fue por las dos cosas.
Quiero escucharme, encontrarme, fortalecer ese interior que todos tenemos pero pocos le damos el valor y la importancia que merecen.
Viajar en tren, el bello traqueteo que permite que las palabras salgan sin problema, que fluyan los pensamientos directo al papel.
El paisaje de fondo, tan oscuro, profundo, lleno de pequeñas vidas, luces lejanas.. ¿Dónde está la luna?
El río, mágico sonido de los rápidos, pareciera como si barriera todos los problemas y se los llevase lejos... me gusta tanto el río.
Una vez escribí unos renglones, los encontré mucho tiempo después, decían "peligroso río que trae tanta paz, bajo el resplandor de la luna, la multitud está por..." y así lo dejé, tan inconcluso. Fue frente al Río Paraná, estaba sentada en la arena, la luna brillaba, estaba increíblemente hermosa esa noche y ese resplandor se reflejaba en el tranquilo Paraná.
Eso quiero, irme al río, escaparme al río.
Prendí un cigarrillo, hoy tiene un gusto raro.
Está mal amar así a un lugar, es decir, que yo ame el río por como me siento cuando estoy ahí y no por lo que es el río , aunque de todas formas ¿Qué es? es una pregunta demasiado subjetiva.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, don poderosamente destructivo, sentir, imaginar, crear pero a su vez puede ser tan individualista, narcisista y egocéntrico.
El individualismo me molesta pero todos somos egoístas en algún punto, algunos más que otros.
Mi cigarrillo ya no tiene gusto raro.
Las montañas te hacen sentir tan pequeño e insignificante, aunque no es la montaña sino su inmensa dimensión lo que nos empequeñece.
El océano, río, mar, las montañas, las llanuras, el cielo, la luna, las estrellas, el sol, los elefantes y las ballenas azules, todos tan inmensos. Algunos se achican ante ellos, por otro lado hay algunos que creemos que la inmensidad la decidimos nosotros, nuestro alma no tiene dimensiones, podemos ser tan grandes como queramos, el cielo no es el límite, está mucho más allá, mucho más adentro.
El cuerpo un envase tan visceral, tan sexual, el alma prisionera y la sociedad que no deja de imponer nuevos límites superficiales, la ropa, la plata, el trabajo, la sed de poder.
Necesito otro cigarrillo, espero que no tenga gusto raro... Perfecto.
Es tan fácil estar mal, el dolor en el estómago, miedo, soledad, ruido y silencio o como dije alguna vez el miedo a ese silencio lleno de ruido.
A veces quiero apagarme, pero lo mejor que puedo hacer es escupirlo, escucharme y sacarlo de mi sistema, limpiarlo y arrancar de nuevo. Por eso viajo.
Me limpio lejos de todo y vuelvo para ensuciarme otra vez.
Huir para reencontrarte con tu interior, no hay que tener miedo, es inmenso pero es tuyo, sos vos, soy yo. Soy inmensidad... y acá de nuevo con el narcisismo.
A veces la gente huye de si misma y tiene terror de escuchar lo que hay dentro, la sensibilidad, las emociones, miedo a ser frágiles.
Fugarse, desaparecer ¿A dónde? al silencio, en busca de unión, equilibrio, paz.
Necesito esfumarme, escapar pero no al río, ni a la montaña, ni a la música, ni al cuaderno...
Escapar dentro mío correr por mis pasillos, porque me imagino con pasillos, con aberturas a los costados, sentarme en algún suelo, ahí dentro mío y encontrar ese equilibrio para después salir y volverme a ensuciar.
SY.
28-03-2012