Cuando las lágrimas salen descontroladas recorriendo cada rincón hasta encontrar el suelo, mis manos, un pañuelo, una almohada. Ese es su fin.
Cuando los pensamientos salen descontrolados recorriendo cada rincón, es diferente. Ahí no es el fin, sino el comienzo.
El comienzo.
Lo imagino como una patada de canguro directo a la boca del estómago.
Deja un agujero... interminable.
Oscuro.
¿Cómo se rellena?
¿Sólo con tiempo?
Uno ya sabe lo que viene cuando se ha cruzado con tantos canguros, puede olerlos.
Ese día me olía a canguro.
Aún así nunca se puede atajar la patada, Es como si traspasara todas las barreras que uno tiene, todos los escudos.
¿Será porque viene desde adentro?
S.Y.
31-05-2017