Crisis
Ritual
Emociones
Confusión
Espacio
Ritmo
Devenir - Juego
Me explota el marote.
Solo ahí escribo.
Si escribo siempre que estallo, escribo siempre lo mismo? o las esquirlas salen disparadas para un lugar distinto cada vez?
Siento que hace días no puedo aflojar el diafragma. Tengo como la boca del estómago encerrada en esa musculatura, siento como si estuviera anudado y ahora todo es presión.
No se si presión de angustia o presión para que no se desarme todo y ahí si venga la angustia.
Digamos que tarde o temprano al final se trata de lo mismo.
A veces me pregunto si alguien leerá estos divagues de mi interior. Creo que me sentiría emocionada y a la vez vulnerada, como si quisiera que cada palabra se guardara cuidadosamente en un cofre sagrado para usarla cuando se necesita y sin más volverla a guardar en su lugar.
Te extraño, listo.
Extraño tu espalda, tus besos suaves, el amor con el que me coges. Te extraño.
Extraño que siempre estés ahí para mi. Tu risa fuerte. Pelear todos los días por una estupidez distinta.
Extraño amarte y pensar que nada podía ser mejor que nosotros dos juntos.
Sos loco, demasiado loco para mi.
Lloro un poco, me siento perdida.
¿Otra vez lo mismo? Debo ser yo el problema.
Lloro un poco más fuerte y plop! uffff.
Se afloja un poco el nudo y puedo seguir.
SY
xx/xx/xx
Mi alma en palabras
.
jueves, 10 de mayo de 2018
Y-O-S-O-Y-O
Voy en la bici y siento que cada gota que pega en mi cara explota y se vuelve un millón de microgotas esparcidas por la calle. Pedazos de gotas por doquier, ¡es una masacre!
Algunas las absorbe mi campera "impermeable" otras quedan en mi pantalón, en mi cara, algunas las trago. Las que sufren lo peor se despedazan y caen a un mar de gotas en el suelo: Los charcos.
Les paso por arriba con las llantas de mi bicicleta, que arrasa furiosa sobre el asfalta empapado.
Soy una rompegotas.
Mi cabeza gira sin parar como las ruedas de la bici que manejo. No puedo parar de pensar.
Llego tarde al trabajo, tengo miedo de caerme, como me molesta la gente estaciona en la bicisenda.
Estoy cansada, quiero estar en mi casa, espero que Afrika no esté ladrando, no esté triste, esté calentita. La amo. Quiero renunciar.
Soy una tibia.
Cuando me enojo soy un fuego pero trabajé tanto en controlar mis impulsos que ahora me siento una tibia. Puede ser? Las personas se aprovechan de lo permisiva que soy hoy?
Me cagan, me explotan, me lastiman y yo entiendo, entiendo todo. No quiero gritar, porque después me siento mal. Necesito correr.
Soy una iracunda en recuperación.
Tengo miedo de no llegar (a donde?), de caerme, de haber elegido mal, de que el tiempo pase, de no disfrutar lo suficiente, de estar endeudada para siempre, de olvidarme lo que se siente viajar, de ser una careta de mis propios sueños, de dejarme llevar por la pasión de otras personas y perder el eje, de desconectarme de mi cuerpo, mi alma, mi bruja.
Soy una cagona.
Me gusta correr, andar en bici, leer libros mientras me pega el sol calentito, tejer, tomar café, mirar una peli abrazada con alguien, acariciar a Afrika mientras duerme, cantar, escuchar música en el colectivo, cocinar cosas ricas, reír acostada boca arriba, bailar hasta que me transpira la nuca, viajar cerca, lejos y a todos lados, tomar mate con mis papás y mi hermano. Me gusta escribir.
Soy una apasionada de las pequeñas cosas.
Me gusta amar. Me gusta hacer todo al extremo, reír, llorar, gritar. Me gusta estar desnuda, bañarme con agua caliente, tener sexo con caricias. Me gusta ser sexy. Me gusta poder gritar cuando algo me resulta muy injusto o me hace daño y no puedo evitar llorar después. Creo que lo que me gusta hacer en realidad es descargar. También creo que me gustaría más poder no cargar(me).
Soy una intensa.
SY
10/05/18
Algunas las absorbe mi campera "impermeable" otras quedan en mi pantalón, en mi cara, algunas las trago. Las que sufren lo peor se despedazan y caen a un mar de gotas en el suelo: Los charcos.
Les paso por arriba con las llantas de mi bicicleta, que arrasa furiosa sobre el asfalta empapado.
Soy una rompegotas.
Mi cabeza gira sin parar como las ruedas de la bici que manejo. No puedo parar de pensar.
Llego tarde al trabajo, tengo miedo de caerme, como me molesta la gente estaciona en la bicisenda.
Estoy cansada, quiero estar en mi casa, espero que Afrika no esté ladrando, no esté triste, esté calentita. La amo. Quiero renunciar.
Soy una tibia.
Cuando me enojo soy un fuego pero trabajé tanto en controlar mis impulsos que ahora me siento una tibia. Puede ser? Las personas se aprovechan de lo permisiva que soy hoy?
Me cagan, me explotan, me lastiman y yo entiendo, entiendo todo. No quiero gritar, porque después me siento mal. Necesito correr.
Soy una iracunda en recuperación.
Tengo miedo de no llegar (a donde?), de caerme, de haber elegido mal, de que el tiempo pase, de no disfrutar lo suficiente, de estar endeudada para siempre, de olvidarme lo que se siente viajar, de ser una careta de mis propios sueños, de dejarme llevar por la pasión de otras personas y perder el eje, de desconectarme de mi cuerpo, mi alma, mi bruja.
Soy una cagona.
Me gusta correr, andar en bici, leer libros mientras me pega el sol calentito, tejer, tomar café, mirar una peli abrazada con alguien, acariciar a Afrika mientras duerme, cantar, escuchar música en el colectivo, cocinar cosas ricas, reír acostada boca arriba, bailar hasta que me transpira la nuca, viajar cerca, lejos y a todos lados, tomar mate con mis papás y mi hermano. Me gusta escribir.
Soy una apasionada de las pequeñas cosas.
Me gusta amar. Me gusta hacer todo al extremo, reír, llorar, gritar. Me gusta estar desnuda, bañarme con agua caliente, tener sexo con caricias. Me gusta ser sexy. Me gusta poder gritar cuando algo me resulta muy injusto o me hace daño y no puedo evitar llorar después. Creo que lo que me gusta hacer en realidad es descargar. También creo que me gustaría más poder no cargar(me).
Soy una intensa.
SY
10/05/18
viernes, 27 de octubre de 2017
Instrucciones para cebar mate
Une se hace grande el día que tiene la genuina necesidad de tomarse unos matecitos solx.
Yo me hice grande un día fresco allá por el 2007 cuando decidí poner la pava al fuego.
La acompañé con ansiedad hasta que el agua estuvo lista. Me enseñaron que había que sacarla justo cuando comenzaban a formarse las burbujas en el fondo de la pava.
Esos si que eran otros tiempos, ahora uno puede setear su aparato eléctrico en "mate" o en "80 grados" y se acabó la historia... y la magia.
Puse la yerba en el mate, hacia un costadito formando una pequeña montañita. (si, todo con ito)
Ojo acá! no hay que llenarlo hasta el tope porque después la yerba se hincha y haces un enchastre bárbaro.
Puse el agua en el termo y tiré el primer chorrito (Sabes las veces que vi a mi mamá quemarse con ese?) eché cuidadosamente el agua en el mate, sobre ese costadito que dejé. Instantaneamente la yerba se empezó a levantar como por arte de magia. Ahí, justo en ese pocito de yerba mojada, clavé la bombilla con vehemencia y volví a echar agua en el mismo lugar.
Así cebé mi primer mate.
Recuerdo como si fuera ayer haberme sentado en la cocina bajo el rayo de sol que entraba por la ventana a tomar mis primeros mates con entusiasmo.
Ya en el tercero o cuarto se levanta mi papá y me dice sorprendido "¿Qué haces? ¿Estás tomando mate? ¿Sola?"
"Si, ¿Querés uno?" Contesté orgullosa.
S.Y.
27-10-2015
Modificado 27-10-2017
Yo me hice grande un día fresco allá por el 2007 cuando decidí poner la pava al fuego.
La acompañé con ansiedad hasta que el agua estuvo lista. Me enseñaron que había que sacarla justo cuando comenzaban a formarse las burbujas en el fondo de la pava.
Esos si que eran otros tiempos, ahora uno puede setear su aparato eléctrico en "mate" o en "80 grados" y se acabó la historia... y la magia.
Puse la yerba en el mate, hacia un costadito formando una pequeña montañita. (si, todo con ito)
Ojo acá! no hay que llenarlo hasta el tope porque después la yerba se hincha y haces un enchastre bárbaro.
Puse el agua en el termo y tiré el primer chorrito (Sabes las veces que vi a mi mamá quemarse con ese?) eché cuidadosamente el agua en el mate, sobre ese costadito que dejé. Instantaneamente la yerba se empezó a levantar como por arte de magia. Ahí, justo en ese pocito de yerba mojada, clavé la bombilla con vehemencia y volví a echar agua en el mismo lugar.
Así cebé mi primer mate.
Recuerdo como si fuera ayer haberme sentado en la cocina bajo el rayo de sol que entraba por la ventana a tomar mis primeros mates con entusiasmo.
Ya en el tercero o cuarto se levanta mi papá y me dice sorprendido "¿Qué haces? ¿Estás tomando mate? ¿Sola?"
"Si, ¿Querés uno?" Contesté orgullosa.
S.Y.
27-10-2015
Modificado 27-10-2017
martes, 8 de agosto de 2017
La Casa del Árbol
Hace mucho quiero escribir.
No encuentro las palabras, no me salen.
Esta última semana fue un torbellino de emociones.
Todo porque esta vez fue diferente.
Esta vez encontré un lugar. Un espacio del que, por primera vez, no me quería desprender.
Tiene unas tremendas raíces fuertemente abrazadas a la tierra. Cuando este lugar te elige, prende una especie de pepita brillante adentro del pecho.
Una vez que se prende no se apaga jamás, es algo que vibra bien fuerte adentro.
Cada vez que atravesás el umbral esas grandes y fuertes raíces te abrazan y ya no te podés ir.
Lo digo en serio. No puedo contar la cantidad de veces que me despedí de los presentes para hacerlo de nuevo horas más tarde. Eso que vibra en mi pecho quiere estar, esa energía que circula te invita a tomarte una birra más.
Conocí esa casa hace unos 3 años. Siempre de afuera, preguntandome ¿Qué había atrás? ¿Qué hacían esas personas? ¿Es un centro cultural o son un montón de amigos con buena onda? Esta librería es fantástica.
Siempre apurada para ir a trabajar caminaba por la puerta chusmeando, queriendo saber un poco más.
Hace un año tuve el placer de entrar. Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pasé por la puerta espejada del Bohío hacia la casa. ¡Es enorme! pensé. Ese día me maravillé con los murales, la música, las risas, la cerveza. Era como un mundo secreto escondido detrás de una librería en un rincón de Buenos Aires. Ese día me enamoré de cada aspecto de aquel mundo, en especial de los abrazos. Todos me abrazaron cuando llegué. Nadie me conocía y me sentí en casa.
El tiempo pasó y fue sólo hace unos meses tuve la fortuna de comenzar a trabajar en ese mágico lugar. Pocas veces disfruté tanto de laburar.
Recuerdo un día en particular, sentada en la ventana de la barra mirando a lo lejos como todo funcionaba. ¡Que suerte tengo! Nunca me hubiera imaginado que terminaría trabajando en aquel lugar misterioso al que nunca entraba pero siempre me llamó tanto la atención. ¿Quién lo hubiera imaginado?
Para mi La Casa del Árbol es un abrazo gigante hecho casa, hecho momentos y ahora divido en personas. Cada uno de nosotros se lleva tanto de ese lugar. Yo personalmente me llevo risas, bailes, besos, omelettes, anécdotas, juegos, mates, chinchines de vino ó cerveza y sobretodo mucho, mucho amor.
Este lugar fue para mí una oportunidad de sentir algo nuevo.
Quienes me conocen saben que no tengo apego por nada material, ningún espacio físico. No tengo casa de la infancia, ni a donde volver cuando me siento perdida. Desde que nací me enseñaron a mudarme y dejar atrás todo lo que sentía de alguna manera mío.
Esta semana me descubrí abrazando cada pared de este lugar que se llevó mi corazón.
Ahora estoy pintando todo de blanco y las lágrimas caen sin parar.
No se si es tristeza porque se termina, felicidad porque tuve la oportunidad de formar parte o emoción porque en cada pared rasqueteada me doy cuenta que lo que acá vibra me lo llevo en el pecho para plantarlo en otro lugar.
Una amiga me dijo hace unos días "El Árbol no se termina, vive en el imaginario colectivo. La Casa del Árbol son ustedes."
Cuando pienso en este lugar siento profundo agradecimiento por lo compartido y por lo que vendrá junto a un grupo de personas de una calidad humana inigualable.
Gracias por tanto arbolito de mi corazón.
S.Y.
31-08-2017
No encuentro las palabras, no me salen.
Esta última semana fue un torbellino de emociones.
Todo porque esta vez fue diferente.
Esta vez encontré un lugar. Un espacio del que, por primera vez, no me quería desprender.
Tiene unas tremendas raíces fuertemente abrazadas a la tierra. Cuando este lugar te elige, prende una especie de pepita brillante adentro del pecho.
Una vez que se prende no se apaga jamás, es algo que vibra bien fuerte adentro.
Cada vez que atravesás el umbral esas grandes y fuertes raíces te abrazan y ya no te podés ir.
Lo digo en serio. No puedo contar la cantidad de veces que me despedí de los presentes para hacerlo de nuevo horas más tarde. Eso que vibra en mi pecho quiere estar, esa energía que circula te invita a tomarte una birra más.
Conocí esa casa hace unos 3 años. Siempre de afuera, preguntandome ¿Qué había atrás? ¿Qué hacían esas personas? ¿Es un centro cultural o son un montón de amigos con buena onda? Esta librería es fantástica.
Siempre apurada para ir a trabajar caminaba por la puerta chusmeando, queriendo saber un poco más.
Hace un año tuve el placer de entrar. Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pasé por la puerta espejada del Bohío hacia la casa. ¡Es enorme! pensé. Ese día me maravillé con los murales, la música, las risas, la cerveza. Era como un mundo secreto escondido detrás de una librería en un rincón de Buenos Aires. Ese día me enamoré de cada aspecto de aquel mundo, en especial de los abrazos. Todos me abrazaron cuando llegué. Nadie me conocía y me sentí en casa.
El tiempo pasó y fue sólo hace unos meses tuve la fortuna de comenzar a trabajar en ese mágico lugar. Pocas veces disfruté tanto de laburar.
Recuerdo un día en particular, sentada en la ventana de la barra mirando a lo lejos como todo funcionaba. ¡Que suerte tengo! Nunca me hubiera imaginado que terminaría trabajando en aquel lugar misterioso al que nunca entraba pero siempre me llamó tanto la atención. ¿Quién lo hubiera imaginado?
Para mi La Casa del Árbol es un abrazo gigante hecho casa, hecho momentos y ahora divido en personas. Cada uno de nosotros se lleva tanto de ese lugar. Yo personalmente me llevo risas, bailes, besos, omelettes, anécdotas, juegos, mates, chinchines de vino ó cerveza y sobretodo mucho, mucho amor.
Este lugar fue para mí una oportunidad de sentir algo nuevo.
Quienes me conocen saben que no tengo apego por nada material, ningún espacio físico. No tengo casa de la infancia, ni a donde volver cuando me siento perdida. Desde que nací me enseñaron a mudarme y dejar atrás todo lo que sentía de alguna manera mío.
Esta semana me descubrí abrazando cada pared de este lugar que se llevó mi corazón.
Ahora estoy pintando todo de blanco y las lágrimas caen sin parar.
No se si es tristeza porque se termina, felicidad porque tuve la oportunidad de formar parte o emoción porque en cada pared rasqueteada me doy cuenta que lo que acá vibra me lo llevo en el pecho para plantarlo en otro lugar.
Una amiga me dijo hace unos días "El Árbol no se termina, vive en el imaginario colectivo. La Casa del Árbol son ustedes."
Cuando pienso en este lugar siento profundo agradecimiento por lo compartido y por lo que vendrá junto a un grupo de personas de una calidad humana inigualable.
Gracias por tanto arbolito de mi corazón.
S.Y.
31-08-2017
miércoles, 31 de mayo de 2017
¿De dónde viene?
Cuando las lágrimas salen descontroladas recorriendo cada rincón hasta encontrar el suelo, mis manos, un pañuelo, una almohada. Ese es su fin.
Cuando los pensamientos salen descontrolados recorriendo cada rincón, es diferente. Ahí no es el fin, sino el comienzo.
El comienzo.
Lo imagino como una patada de canguro directo a la boca del estómago.
Deja un agujero... interminable.
Oscuro.
¿Cómo se rellena?
¿Sólo con tiempo?
Uno ya sabe lo que viene cuando se ha cruzado con tantos canguros, puede olerlos.
Ese día me olía a canguro.
Aún así nunca se puede atajar la patada, Es como si traspasara todas las barreras que uno tiene, todos los escudos.
¿Será porque viene desde adentro?
S.Y.
31-05-2017
Cuando los pensamientos salen descontrolados recorriendo cada rincón, es diferente. Ahí no es el fin, sino el comienzo.
El comienzo.
Lo imagino como una patada de canguro directo a la boca del estómago.
Deja un agujero... interminable.
Oscuro.
¿Cómo se rellena?
¿Sólo con tiempo?
Uno ya sabe lo que viene cuando se ha cruzado con tantos canguros, puede olerlos.
Ese día me olía a canguro.
Aún así nunca se puede atajar la patada, Es como si traspasara todas las barreras que uno tiene, todos los escudos.
¿Será porque viene desde adentro?
S.Y.
31-05-2017
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