Me desperté en un lugar terriblemente oscuro y húmedo, no podía ver nada, no sabía donde me encontraba. Tanteé lentamente el firmamento esperando reconocer el lugar pero me fue imposible. Sentí como el miedo subía con un escalofrío por mi espalda, retorciendo mi estómago, acelerando mi corazón, secándome la garganta, ahogándome y llenándome de adrenalina, de terror. ¿Dónde me encontraba? Y lo peor... ¿Cómo había llegado hasta aquí? No había ninguna explicación lógica. Sólo podía estar soñando, cerré los ojos con desesperación deseando despertar, lo intenté una y otra y otra vez, con más fuerza en cada intento, nada, seguía en ese horrible lugar. Estaba desesperada, el miedo iba creciendo a medida que esta vivencia se hacía más real, demasiado.
Me levanté y empecé a caminar lentamente, me aventuré dando pasos inseguros, las lágrimas corrían por mi piel helada y repiqueteaban en el suelo mojado, cada gota caía más fuerte que la anterior, ¡El ruido era insoportable! Llena de terror extendí las manos intentando tantear el camino, inmediatamente me topé con una fría y húmeda pared que me erizó hasta el último pelo, caí al suelo y lloré desconsoladamente ¿Dónde estaba?
En cada inspiración el aire húmedo se impregnaba más en mis pulmones. Esa desesperación que había sentido en un principio, se había apaciguado, pero el miedo seguía
presente, creciendo dentro de mí. Ya más tranquila comencé a gatear por el suelo mojado, podía sentir como sangraban mis manos y mis rodillas, cada movimiento retumbaba en mi cabeza. Entonces lo comprendí, estaba en un pasillo infinito, no había salida. Repentinamente todo parecía haber empeorado, ¿Qué trágico final me había tocado? La desesperación comenzó a apoderarse de mi una vez más, entonces caí al piso con un golpe seco.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que desperté, ya no tenía noción del tiempo transcurrido, el camino se me hacía eterno, con miles de esquinas y recovecos, tantas idas y vueltas, todas cada vez más parecidas a las anteriores. No sabía si encontraría una salida, pero tenía que intentarlo, tenía que encontrar un camino, una puerta, algo, necesitaba ver la luz una vez más.
¿Acaso había muerto? ¿Así es como se veía el cielo? ¿Ó era el infierno?
No podía comprender nada, estaba tan aterrada. De pronto sentí como el suelo se secaba despacio, las paredes parecían irradiar calor y el impregnante olor a humedad se hacía cada vez más débil hasta desaparecer por completo.
Este calor acogedor, se llevó el frío y con el mis miedos, mi desesperación. Quizás había una salida, quizás había una salvación. Parecía como si hubiese salido el sol luego de una tormenta.
Permanecí inmóvil esperando alguna señal de la luz, algo que me iluminara, pero nada de eso llegó, todo seguía estando completamente oscuro. Era terrible, me sentía tan perdida, poder sentir esa luz y no poder verla, la impotencia me superaba, mi esperanza se transformaba en ira, mi miedo en decepción. ¿Qué estaba sucediéndome?
Me sentí capaz de llorar nuevamente, pero estaba demasiado cansada, solamente quería dormir, olvidarme de este horrible laberinto, de esta oscuridad. Intenté dormirme, pero no pude conseguirlo, estaba demasiado indignada, atrapada sin poder dormir, sin poder despertar. Me sentía desolada, sin escapatoria alguna. Comencé a correr por los pasillos, las lágrimas salían a borbotones por mis ojos, mis piernas no podían correr más, las paredes me sorprendían en la oscuridad, me lastimaban. Finalmente me rendí, mi cuerpo se flaqueó, haciendo un estrepitoso sonido al caer.
Mágicamente escuché una voz fuerte y clara llamándome. Imaginé que mis deseos me estaban haciendo alucinar.
“¡Yerimén!” Siguió llamándome esta voz tan familiar. Comencé a sentirme segura, ya no estaba sola pero no sabía quien me acompañaba. “Yerimén, terminamos, despiértate!” repitió la voz. Lentamente el suelo comenzó a desvanecerse y poco a poco fui abriendo los ojos.
Estaba acostada boca arriba en lo que parecía ser una camilla, podía sentir que alguien me tomaba por el brazo, pero ya no tenía fuerzas para defenderme. “Lo siento, haremos todo lo que esté a nuestro alcance para corregirlo” dijo la voz con tono sufrido. Era Marco, mi amor.
Se me heló la piel “Marco, ¡¿Dónde estás?!” grité con todas mis fuerzas, lo sentía tan cerca, pero todo seguía negro... ¡Maldita oscuridad!
Todo pasó muy rápido, las imágenes corrieron por mi cabeza, una sobre la otra, aturdiéndome y sofocándome. Un choque, sangre, llanto y lobreguez.
Había perdido la vista, los doctores aseguraban que podría recuperarla luego de varias operaciones, pero yo sabía que viviría en las tinieblas por siempre.
En ese momento deseaba que fuese todo una pesadilla, parecía irónico haber deseado que se terminara aquella experiencia en el laberinto, donde por lo menos podía tener la duda de si volvería a ver la luz o no y en esta pesadilla, estoy segura de que no la veré jamás.
Maldito sueño hecho realidad.
SY
28-04-2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario